Problemática

Contaminación invisible, persistente y global
Los PFAS son un grupo de miles de compuestos químicos sintéticos ampliamente utilizados en productos industriales y de consumo por su capacidad para repeler agua, grasa y suciedad. Debido a su gran estabilidad química, estos compuestos no se degradan fácilmente en el ambiente, por lo que se les conoce como “químicos eternos”.
Aunque se producen principalmente en regiones industrializadas, los PFAS pueden transportarse a largas distancias a través de la atmósfera y los océanos. Como resultado, se han detectado incluso en lugares extremadamente remotos como la Antártica, un territorio históricamente considerado uno de los ecosistemas más prístinos del planeta.
En los ecosistemas antárticos, estos contaminantes pueden encontrarse en nieve, hielo, agua de mar, sedimentos y organismos marinos, y tienen la capacidad de bioacumularse en las cadenas tróficas. Esto significa que pueden pasar de un organismo a otro —por ejemplo, desde el plancton a peces, aves o mamíferos marinos— aumentando su concentración a lo largo de la trama trófica.
La presencia de PFAS en la Antártica muestra que la contaminación química es un problema global. Lo que se libera en una parte del mundo puede terminar afectando ecosistemas remotos y frágiles.